Sor Rosalía Rendu (1786-1856) – hija de San Vicente de Paúl en el barrio parisino de Mouffetard – y el beato Federico Ozanam (1813-1853) se encontraron en 1833 en un contexto posrevolucionario marcado por la pobreza urbana. En ese año un grupo de jóvenes católicos (liderado por Emmanuel Bailly) formó la primera “Conferencia de Caridad” en París. Para aprender la práctica de la caridad, Ozanam y sus compañeros acudieron a la casa de caridad dirigida por Sor Rosalía. Los registros vicencianos señalan que Bailly “los envió a Sor Rosalía” para iniciarlos en la atención de los pobres . La biografía oficial del Vaticano relata: “La joven Conferencia de San Vicente de Paúl viene a buscar en Sor Rosalía apoyo y consejos para ir en ayuda de todos los necesitados” . Fue así como, en 1833 en el barrio Mouffetard, se forjó la amistad inicial: Sor Rosalía –conocida como la “Apóstol de Mouffetard”– abrió sus puertas a los estudiantes (entre ellos Ozanam), mostrándoles personalmente las necesidades de las familias más pobres . De hecho, se dice que su “liderazgo y visión” fueron “fundamentales para la creación y expansión de la Sociedad de San Vicente de Paúl, inspirando a Federico Ozanam y sus compañeros” en su misión de servicio .
Influencia de Sor Rosalía en la espiritualidad de Ozanam
Sor Rosalía ejerció una formación práctica y espiritual decisiva en Ozanam. Ella transmitió a estos jóvenes vicencianos el principio de ver a Cristo en el pobre. Por ejemplo, la Sociedad vicenciana destaca que fue Sor Rosalía quien enseñó a los fundadores de la Conferencia “a ver a nuestro Señor en los pobres” . Ozanam interiorizó esta lección y lo expresó en una carta: “Parece que hay que ver para amar… a los pobres los vemos con los ojos de la carne” . Es decir, aprendió de ella que sólo la fe permite reconocer en cada necesitado la presencia de Dios. Igualmente, las Hijas de la Caridad subrayan que Sor Rosalía “despertó y formó a la caridad” en Ozanam y sus compañeros, transmitiéndoles el ejemplo de servicio abnegado de San Vicente . En resumen, sus aportes clave fueron:
Ver a Cristo en los pobres: Sor Rosalía enseñó a Ozanam a ir siempre con “el corazón lleno de gozo” hacia los necesitados, mostrándole que allí se hallaba Jesucristo .
Valores vicencianos prácticos: Ozanam aprendió de ella la humildad, mansedumbre, abnegación y cariño hacia los desvalidos, virtudes que luego plasmó en el reglamento inicial de la Sociedad .
Visitas a domicilio: Ella acompañó a Ozanam en sus primeros recorridos por el barrio, señalándole las familias a ayudar y orientando su acción con consejos concretos .
En su homilía de beatificación (1997), el Papa Juan Pablo II reconoció esta influencia, afirmando que «fue Sor Rosalía Rendu quien guió al joven Federico Ozanam y a sus compañeros hacia los pobres» .
Colaboración mutua en las obras de caridad
La colaboración entre Ozanam y Sor Rosalía fue muy concreta. Al inicio de la Conferencia, los jóvenes vicencianos se pusieron bajo su dirección en la Casa de Caridad de la calle de l’Épée-de-Bois. “Federico y sus compañeros… se convierten en lo que ellos llamaron: ‘los auxiliares de las Hermanas de la Caridad’” . Es decir, ayudaban en las visitas domiciliarias y la distribución de víveres a las familias pobres. Sor Rosalía incluso les proveía de recursos iniciales: les marcaba las casas que visitar, les facilitaba vales de comida y pan, y les brindaba consejos prácticos sin predicar, guiando su apostolado de caridad . A su vez, Ozanam aportaba su entusiasmo y sus habilidades organizativas para complementar la obra de la hermana. Esta sinergia se tradujo en iniciativas conjuntas: por ejemplo, en 1835 Sor Rosalía solicitó y obtuvo del obispo la creación de una nueva conferencia en la parroquia de San Médard, entendiendo que así mejorarían el servicio a los pobres .
Entre los aspectos más destacados de su colaboración cabe mencionar:
Auxiliares en la caridad: Ozanam y los estudiantes actuaron como “auxiliares” de Sor Rosalía, participando activamente en el trabajo de su casa de caridad .
Apoyo material: Ella aportó ayuda económica y alimentos para sus visitas, y convenció a las autoridades de beneficencia para facilitarles la labor .
Orientación organizativa: Su experiencia guiaba la expansión de la Conferencia; por ejemplo, supo impulsar la división en dos secciones y la apertura de la nueva conferencia de San Médard .
Así, en la práctica cotidiana Sor Rosalía y Ozanam se complementaban: ella con su sabiduría vicenciana (que “iba guiando sus idas y venidas en el suburbio” ) y él con su energía juvenil y habilidad para organizar, formando un equipo que preparó el camino para la consolidación de la Sociedad de San Vicente de Paúl.
Impacto en la Sociedad de San Vicente de Paúl
La influencia y amistad entre Sor Rosalía y Ozanam tuvo un efecto profundo en la fundación y expansión de la Sociedad de San Vicente de Paúl. La formación recibida con ella estableció la estructura espiritual de la naciente Asociación. Por ejemplo, en 1834 (oficialmente en 1835) la Conferencia adoptó a San Vicente como patrono y redactó su primera Regla inspirada en los valores que habían vivido junto a Sor Rosalía . El reglamento de 1835 incorpora directamente virtudes aprendidas de ella: abnegación, mansedumbre, celo por los pobres y amor fraterno, características que “los jóvenes miembros las habían aprendido de Sor Rosalía” .
Gracias a este sólido espíritu vicenciano, la Sociedad creció rápidamente. Los miembros fundadores extendieron nuevas conferencias por Francia: Ozanam recuerda ya en 1834 el deseo de “encerrar el mundo en una red de caridad” (su célebre sueño) para aliviar la miseria . Al morir Ozanam en 1853, la Sociedad de San Vicente de Paúl tenía presencia en los cinco continentes –cumpliendo así aquel ideal global– . En conjunto, puede afirmarse que la aportación práctica de Sor Rosalía dio a la Sociedad sus cimientos de caridad vivida. Como concluye un historiador vicenciano, ella dio al “intelectual, al pensador, al hombre de oración” Frédéric la dimensión práctica que le faltaba, llegando a ser considerada por algunos “cofundadora” de la Sociedad .
Testimonios y fuentes documentales
La amistad Rosalia–Ozanam está documentada en múltiples fuentes eclesiásticas y vicencianas:
Homilía papal (1997) – En la beatificación de Ozanam, el Papa San Juan Pablo II destacó que “fue Sor Rosalía Rendu… quien guió al joven Federico Ozanam y a sus compañeros hacia los pobres” .
Biografía litúrgica vaticana – La web del Vaticano (2003) menciona que Sor Rosalía recibió a estudiantes y a Ozanam en su casa de caridad y los orientó con consejos para iniciar sus proyectos sociales .
Cartas de Ozanam – La correspondencia privada de Ozanam (Œuvres complètes) incluye cartas que refieren su aprendizaje con Sor Rosalía. Por ejemplo, en mayo de 1838 escribe: “Parece que hay que ver para amar… a los pobres los vemos con los ojos de la carne” , reflejando la lección de la visita a los pobres. Estas cartas se citan en la Positio de su causa de beatificación.
Actas de las primeras conferencias – Los registros fundacionales de la Sociedad (1833-1835) incorporan las propuestas que surgieron tras trabajar con Sor Rosalía (patronato de San Vicente, reglamento de 1835, establecimiento de una segunda conferencia). Aunque ella no firma documentos, se sabe por testigos que su criterio influyó en decisiones como la división en 1835 .
Publicaciones vicencianas eclesiásticas – Organismos oficiales como la Sociedad de San Vicente de Paúl global y las Hijas de la Caridad han publicado artículos y celebraciones que subrayan esta amistad. Por ejemplo, la web de la SSVP Global relata que Ozanam acudió a Sor Rosalía en 1833 y ella fue quien les enseñó “a ver a nuestro Señor en los pobres” . Estudios históricos eclesiales (por ejemplo, de C. Dinnat) y testimonios de los contemporáneos de Ozanam también alaban la figura de Sor Rosalía como maestra de caridad.
En suma, numerosas fuentes convergen en destacar que la relación Rosalia–Ozanam fue providencial: una Hija de la Caridad experimentada que nutrió la visión y la obra de un joven laico apasionado por la justicia social. Esta amistad quedó inscrita tanto en la memoria de la Iglesia (homilías, biografías litúrgicas) como en las actas fundacionales y en las cartas personales que hoy constituyen testimonio de un fructífero encuentro vicenciano
