Sor Rosalía Rendu nació el 9 de septiembre de 1786 en Confort (Saboya, entonces Francia), en el seno de una familia campesina católica. Era la mayor de cuatro hermanas y creció en plena Revolución Francesa, cuando sus padres acogían en su hogar a sacerdotes refractarios que rechazaban la Constitución Civil del Clero . En aquel ambiente de fe y persecución aprendió muy pronto la piedad: incluso recibió la Primera Comunión en casa por no haber capilla abierta . Con sólo 15 años, en 1802, ingresó en la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en París . Después de su formación, tomó el nombre de Sor Rosalía y fue destinada al empobrecido barrio de Mouffetard, al sur de París, donde serviría a los necesitados durante 54 años . En 1807 emitió sus votos como Hija de la Caridad, entregándose totalmente al servicio de Dios y de los pobres.
Labor social y ministerio caritativo
En París, Sor Rosalía recorrió diariamente los angostos callejones del barrio de Mouffetard con el rosario en la mano y un cesto al brazo, visitando a las familias más pobres . Con el fin de aliviar sus sufrimientos, estableció numerosas instituciones de ayuda social: fundó un dispensario con farmacia, una escuela gratuita y un orfanato para niños, una guardería diurna para los hijos de obreras y un patronato para jóvenes trabajadoras, además de un asilo u hogar para ancianos sin recursos . En conjunto, creó toda una red de obras caritativas destinadas a combatir la pobreza y la marginación .
Fundó un dispensario y una farmacia para atender la salud de los pobres.
Organizó una escuela gratuita y un orfanato para niños abandonados.
Abrió una guardería y talleres para los hijos de obreras y jóvenes trabajadoras.
Estableció un patronato para ayudar a las jóvenes obreras en su formación.
Creó un asilo para ancianos pobres que vivían solos .
Además de estas obras, Sor Rosalía se distinguió por su entrega personal en las emergencias de su época. Durante las epidemias de cólera (sobre todo en 1832 y 1846) salía a las calles a socorrer a los enfermos y recoger a los abandonados . También trabajó por la paz en tiempos de disturbios civiles: en las revoluciones parisinas de julio de 1830 y febrero de 1848 no dudó en subir a las barricadas para auxiliar a los combatientes heridos, arriesgando su vida por ambos bandos . Incluso el arzobispo de París, Mons. Affre, fue asesinado tratando de mediar en esos disturbios, y Sor Rosalía permaneció fiel al ideal vicenciano de compasión entre los más pobres .
Su ejemplo de humildad y abnegación atrajo a colaboradores de todos los ámbitos. Los donativos fluían rápidamente debido a su influencia: como señala el Vaticano, “los ricos no saben resistir a esta mujer persuasiva” . Personalidades del clero y del estado visitaban su comunidad: se cuenta que embajadores, gobernantes (como el propio Napoleón III), y jóvenes universitarios acudían a pedir consejo para ayudar a los pobres . En especial, Sor Rosalía inspiró al joven Federico Ozanam (futuro beato fundador de las Conferencias de San Vicente de Paúl) con su celo caritativo . En efecto, su casa llegaba a ser “un verdadero refugio para los necesitados” y su presencia irradiaba consuelo y esperanza .
Fallecimiento y beatificación
La incesante labor de Sor Rosalía pasó factura a su frágil salud. En los últimos años quedó progresivamente ciega y muy debilitada, pero continuó trabajando sin descanso. Finalmente, tras una breve enfermedad, murió el 7 de febrero de 1856 . Su muerte causó gran consternación en París: según crónicas de la época, una multitud inmensa –se habla de 40.000 a 50.000 personas de todas las clases sociales– acompañó su funeral hasta el cementerio de Montparnasse en señal de gratitud . La prensa republicana y monárquica coincidió en destacar su santidad práctica: el periódico oficial Le Moniteur describió con admiración cómo “todos los pobres, llenos de gratitud, la han acompañado a la Iglesia y al cementerio” tras sus honras fúnebres . El propio emperador Napoleón III la condecoró en 1852 con la Cruz de la Legión de Honor, un gesto que ella aceptó para honrar a la comunidad de las Hijas de la Caridad .
Reconociendo su vida de virtudes heroicas, la Iglesia abrió su proceso de beatificación. La causa culminó en la canonización por beata el 9 de noviembre de 2003, en una ceremonia presidida por el Papa Juan Pablo II . En esa ocasión, el mismo Papa resaltó la fuerza espiritual de Sor Rosalía al servicio de los necesitados. Su fiesta litúrgica se celebra el 7 de febrero (día de su fallecimiento) en el santoral de la Familia Vicenciana.
Legado e impacto en la Iglesia y la sociedad
El ejemplo de Sor Rosalía Rendu sigue siendo modelo en la Iglesia Vicenciana. El Martirologio Romano la recuerda como una Hija de la Caridad que trabajó “incansablemente” en los barrios más pobres de París y subraya que, en medio de las luchas civiles de su tiempo, promovió la paz y animó a “muchos jóvenes y a ricos” a dedicarse a obras de caridad . En la homilía de su beatificación, Juan Pablo II destacó que Sor Rosalía devolvió la dignidad a los más pobres y estimuló al joven Federico Ozanam a ponerse al servicio de los necesitados . Hasta hoy su vida inspira a la Familia Vicenciana (congregaciones de San Vicente de Paúl) y a otras iniciativas sociales, recordando que en cada persona pobre hay que ver “el rostro de Cristo” al que servir con ternura y justicia. Su legado fomentó además el renacimiento de obras de caridad laicales en Francia y el mundo, convirtiéndola en una figura emblemática de la acción social cristiana del siglo XIX .
