Una novena es una oración de devoción que se reza durante nueve días consecutivos, para solicitar la intercesión de un santo. Cada día de esta novena estará dedicado a un aspecto de la vida y espiritualidad de San Carlo Acutis, un joven santo italiano conocido por su amor a la Eucaristía, su entrega generosa, su humildad y su uso edificante de la tecnología. A lo largo de los nueve días ofreceremos oraciones, pasajes bíblicos, meditaciones inspiradas en su ejemplo y gozos (versos de alabanza y súplica rimados) para acompañar nuestra devoción. San Carlo nos enseña que cualquier persona, aunque sea joven y viva en medio de lo cotidiano, puede alcanzar la santidad confiando en Dios y sirviendo a los demás con amor. Que al meditar en estos temas, crezca en nosotros el deseo de acercarnos a Cristo con la misma fe y alegría con que lo hizo él .
Día 1: Amor por la Eucaristía
Oración inicial. Dios nuestro, que nos has dado en la Eucaristía el alimento de la vida eterna, enséñanos a amarla con el mismo corazón sencillo y generoso de San Carlo Acutis. Que su testimonio de fe en la presencia real de Cristo en la hostia nos inspire para acudir cada día al altar con gratitud y reverencia. Por su intercesión, haz que podamos recibir a Jesús sacramentado con devoción renovada y llevar su amor al mundo con nuestras obras. Amén.
Lectura bíblica. “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre” (San Juan 6,51) . Estas palabras de Jesús nos recuerdan que en la Eucaristía Cristo se entrega a nosotros como pan que da vida eterna.
Meditación. San Carlo Acutis proclamó con su vida que la Eucaristía es el tesoro más grande de la Iglesia . Desde niño asistió con amor a Misa diaria, confesándose frecuentemente y rezando el Rosario con devoción . Para él, la comunión cotidiana fue “su autopista al cielo”, camino seguro de encuentro con Dios . Él comenzó a trabajar muy joven en un sitio web para difundir los milagros eucarísticos en el mundo, porque quería demostrar con la tecnología que “Dentro del tabernáculo hay vida, está la eternidad, el infinito” . Así enseñó que adorar la hostia consagrada transforma el corazón y fortalece nuestra fe. Invitemos a Cristo Eucaristía a que transforme nuestro día a día, imitando la sencillez de San Carlo, que reconocía que sin la Eucaristía no puede mantenerse la amistad con Jesús . Como él, pidamos al Señor la gracia de vivir cada Misa con alegría y amor, conscientes de que Jesús se nos da por completo en cada comunión.
Gozos.
¡Oh Carlo, amigo de Jesús Eucaristía, / que en el pan de vida tu alma se encendía!
Con fervor fuiste fuente de luz, / que al comer al Señor tu fe difundía.
En la Sagrada Hostia tu vida entregaste, / y mil milagros con tu web dijiste.
Hoy rezamos con el alma rendida, / que tu ejemplo nos guíe en la partida.
Oración final. Jesús Sacramentado, tú que alimentaste con tu cuerpo el corazón de San Carlo, concédenos la gracia de amar cada Misa como encuentro único contigo. Que como él, cada comunión nos fortalezca para servirte mejor. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Día 2: Tecnología al servicio de la fe
Oración inicial. Padre bueno, que iluminas a los jóvenes para usar la ciencia y la tecnología al servicio del Evangelio, te pedimos por la intercesión de San Carlo Acutis. Danos creatividad para emplear en bien de la Iglesia todas nuestras habilidades digitales. Que su ejemplo nos enseñe a encender la luz de Cristo con las redes y medios de hoy, testimoniando siempre la verdad con humildad. Amén.
Lectura bíblica. “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no puede esconderse” (Mateo 5,14) . Así nos llama Jesús a ser luz entre los demás. Él nos invita a que nuestras buenas obras brillen ante todos, reflejando su luz divina en nosotros.
Meditación. En la era digital, San Carlo Acutis destacó como un auténtico “santo de internet” . Integró su profunda fe con sus habilidades en computación para evangelizar: creó desde niño sitios web de catequesis y divulgación religiosa, entre ellos la famosa exposición virtual de los milagros eucarísticos que recorrió el mundo . Sacerdotes actuales recuerdan que Carlo “habla de la Eucaristía como su autopista al cielo” y enseñó a los jóvenes a usar la tecnología “a favor de la evangelización, y no como sustituto del encuentro real” . Conscientes de que “Carlo nos enseña que la vida, aunque corta, es un regalo para darse a los demás”, imitemos su celo apostólico: usemos las redes sociales, blogs o videos para dar testimonio de Cristo con palabras amables y verdaderas . Pidamos al Señor sabiduría para discernir en medio del ruido digital, siendo como Carlo faros de luz que orientan a los demás hacia Dios en vez de hacia trivialidades mundanas .
Gozos.
Carlo Acutis, guía en la red, / de la Eucaristía sembraste fe.
Con tu ingenio, la verdad alzaste, / y al mundo tu lucha la divulgué.
Por tus redes llega la buena nueva, / de Cristo que sana toda pena.
Danos tu valiente ejemplo vivo / para usar la tecnología en tu camino.
Oración final. Señor Jesús, que llamaste a tus apóstoles a ser pescadores de hombres, concédenos ver en la ciencia y la tecnología instrumentos para extender tu Reino. Que por intercesión de San Carlo aprendamos a iluminar con la fe cada rincón del mundo digital. Amén.
Día 3: Testimonio juvenil
Oración inicial. Señor de la vida, que llamas a todos a la santidad, especialmente a los jóvenes con su entusiasmo y energía, te presentamos hoy nuestras peticiones a través de San Carlo Acutis. Danos un corazón valiente como el suyo para vivir la fe sin miedo entre amigos y en la escuela. Que, siguiendo su ejemplo, podamos brillar con alegría del Evangelio aun en medio de un mundo de distracciones. Amén.
Lectura bíblica. “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de tales es el reino de los cielos” (Marcos 10,14) . Con este pasaje Jesús afirma que el reino de Dios pertenece especialmente a quienes, como los niños y jóvenes, confían con sencillez en Él.
Meditación. La juventud de San Carlo fue un testimonio vibrante de fe cotidiana. A pesar de sus aficiones normales (jugar futbol, videojuegos, leer) él no dejó que nada detuviera su relación con Dios . A los siete años pidió recibir la Primera Comunión antes de la edad, pues anhelaba a Jesús Eucaristía. Desde entonces asistió cada día a Misa y rezaba el Rosario con frecuencia . En sus escritos reflexionó sobre la lucha interior: “¿De qué sirve ganar mil batallas si no puedes ganar la guerra contra tus propias pasiones?” . Él nos enseña que cualquier reto (acoso escolar, tiempo libre) se puede ofrecer a Dios y superar con su gracia. Además, con naturalidad “ayudaba a los compañeros con dificultades” y dedicaba parte de sus vacaciones al voluntariado . Todo esto muestra que la santidad es posible para un joven común: no hacía grandes señales externas, sino que con pequeñas buenas acciones —entrar a tiempo a clase, obedecer padres, cuidar la oración— hacía su vida extraordinaria. Sigamos su ejemplo: los jóvenes también podemos ser amigos fieles de Jesús en la escuela, en la familia y en el ciberespacio, mostrando con alegría que creer no es algo anticuado.
Gozos.
Carlo, guía lleno de alegría, / que con tu juventud nuestro camino abriste.
Nos enseñas con tu vida sencilla / que ser santo desde niño es posible.
Santa inocencia y firme testimonio, / con tu ejemplo a Jesús conocemos.
Alcánzanos, intercesor sincero, / vivir la fe con valor verdadero.
Oración final. Padre que llamas a los jóvenes a dar lo mejor de sí al mundo, ayúdanos a encender nuestro entusiasmo con el celo de San Carlo. Que su ejemplo de alegría y entrega inspire a cada joven a creer que ser santo es posible en nuestra edad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Día 4: Humildad y sencillez
Oración inicial. Dios humilde y grande, que llenas de luz a los sencillos de corazón, te damos gracias por el ejemplo de San Carlo. Él rechazó la vanidad y cualquier ostentación, porque sabía que “no soy yo sino Dios” . Te pedimos la gracia de imitar esa humildad: que no busquemos ser famosos ni presumir de méritos, sino reconocernos pequeños ante ti. Que así como Carlo confió sólo en tu providencia, sepamos confiar siempre en ti en medio de nuestras dificultades. Amén.
Lectura bíblica. “Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mateo 23,12) . Jesús nos advierte que la verdadera grandeza ante Dios está en la humildad: en ponernos ante Él sin máscaras, confiados en su amor.
Meditación. La humildad fue rasgo distintivo de San Carlo Acutis. Desde muy joven vivió sin lujos: no le interesaban las marcas caras y dormía en una litera compartida con su hermano. Basó toda su confianza “no en sí mismo y sus capacidades, sino solamente en la confianza en Dios” , repitiendo su lema “No yo, sino Dios” . Amaba a los pobres y daba con discreción todo lo que podía (el cesto de cosecha de sus padres lo dedicaba a los necesitados). Como hijo espiritual de san Francisco de Asís, buscó vivir con sencillez. Al enfrentar la enfermedad aceptó con mansedumbre cada instante de dolor , recordándonos que “la verdadera alegría” brota de apartar la mirada de uno mismo hacia Jesús . San Carlo nos muestra que en la humildad dejamos actuar la gracia de Dios en nosotros. No necesita demostrarnos nada a los demás; por el contrario, quería hacer sentir a todos que son amados por Dios tal como son . Sigamos su “pequeño camino” de confianza, conscientes de que somos pequeñitos ante el Creador y dependemos totalmente de Él . Pidamos la gracia de admitir nuestras limitaciones y virtudes como dones de Dios, para poder servir a los demás sin orgullo.
Gozos.
¡Carlo humilde y sencillo, / luz de Dios en lo pequeño!
En tus gestos suaves vendrá / la gracia del Padre eterno.
Tu palabra “No yo, sino Dios” / en nuestras almas reavivas;
que con Cristo y pura fe / vivamos nuestras jornadas.
Oración final. Señor Jesús, tú que nos enseñaste a ser mansos de corazón, haz que aprendamos de San Carlo la belleza de la humildad. Que al reconocer nuestros límites nos rindamos a tu gracia y crezcamos en amor hacia el prójimo. Por Ti, que vives. Amén.
Día 5: Caridad y servicio a los demás
Oración inicial. Señor de la caridad, que tendiste tu mano al hambriento y al enfermo, te pedimos por la intercesión de San Carlo: enséñanos a compartir lo que tenemos con quienes necesitan consuelo. Que su vivencia eucarística de ofrecer sacrificios “por quienes no amaran a Jesús” nos inspire a practicar el amor práctico: donando tiempo y recursos, escuchando y acompañando al hermano. Por ejemplo de Carlo, haz que nuestro servicio al prójimo sea reflejo del amor de Cristo. Amén.
Lectura bíblica. “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; estuve forastero, y me recogisteis…: En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25,35-40) . Jesús identifica su persona con los más necesitados y nos manda a servir a los demás como si fuera Él mismo.
Meditación. La caridad fue fruto de la fe humilde de Carlo. Según sus biógrafos, él “salía de sí mismo para encontrarse con Dios en el servicio a los demás” . Aunque provenía de familia adinerada, valoró cada moneda y de niño aprendió a compartir con generosidad: una historia cuenta que regalaba a los pobres todo el dinero de sus galletas o recompensas, pensando siempre en ellos. Admiró a santos como Francisco de Asís y Teresa de Lisieux, quienes vivieron la caridad en la pequeñez. En su enfermedad misma ofreció su sufrimiento por el Papa y por cada sacerdote y creyente, mostrándonos que la caridad también consiste en unir nuestras pruebas con las de Cristo . Así, donde muchos se iban quejando en el hospital, él entregó todo hasta el final con serenidad, dejando a las enfermeras admiradas de la paz que llevaba . Recordamos también las palabras de sacerdotes argentinos: “Su testimonio nos invita a vivir la caridad, a salir de nosotros mismos y encontrarnos con Dios en el servicio a los demás” . Sigamos su ejemplo sencillo: dar un poco más de nuestro tiempo, compartir sonrisas, donar algo a quien lo necesita, aun de forma anónima. Pequeños gestos de amor nacen de un corazón humilde. Pidamos a Dios que nos enseñe a amar como él lo hizo, especialmente al más pequeño de nuestros hermanos y hermanas.
Gozos.
San Carlo, ejemplo de caridad, / humilde en dar, firme en la oración.
Fue tu vida servicio y amistad, / fuente de amor y compasión.
La Eucaristía a ti te formó, / y al pobre tu abrazo extendió.
Ruega por nosotros humilde siervo, / que imitemos tu santa bondad.
Oración final. Dios de amor, tú ves en cada corazón afligido la imagen de tu Hijo, haz que con la ayuda de San Carlo aprendamos a servirte en ellos. Que nuestros actos de caridad sean siempre reflejo de tu misericordia y aliento para quienes sufren. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Día 6: Devoción a María
Oración inicial. Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, que guiaste a San Carlo con tu amor maternal, te suplicamos que nos enseñes a tiamar y confiar más en tu Hijo. Como Carlo, tú fuiste “la única mujer en su vida”, su dulce estrella en el camino . Por tu intercesión, ayúdanos a acudir siempre a ti en oración y a rezar con alegría el Rosario, imitando la devoción de este joven santo. Guíanos, oh Reina del Cielo, para que sepamos ser también ejemplo de fidelidad. Amén.
Lectura bíblica. “Entonces María dijo: «He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra»” (Lucas 1,38). Con estas palabras María nos enseña su plena confianza en Dios. Al aceptar el plan divino, María nos muestra cómo decir “sí” a Dios con humildad y amor.
Meditación. San Carlo veneró profundamente a la Virgen María. Participó con frecuencia en peregrinaciones a los santuarios marianos de Lourdes y Fátima, y rezaba el Rosario casi cada día . En su diario escribió: “La Virgen María es la única mujer en mi vida” , poniendo a la Madre de Jesús por encima de cualquier otra amistad. Siguiendo el ejemplo de sus pastorcitos de Fátima, ofrecía pequeños sacrificios por las intenciones de María. Esta confianza filial en María daba fuerza a su fidelidad eucarística. Al contemplar la vida de este joven santo, aprendemos la importancia de María en nuestra vida espiritual: acudir a ella como madre protectora, imitar su humildad («he aquí la sierva del Señor», confió plenamente) y dejar que nos guíe hacia su Hijo. Pidamos a María que interceda por nosotros para encontrar en Cristo la alegría de la oración, tal como ella llevó a Jesús en su corazón.
Gozos.
María pura, Madre del Señor, / en ti vivió Carlo su fervor.
Con tu mano él aprendió a rezar / tu Santo Rosario sin cesar.
Haznos tus hijos de día y de noche, / guiados por Jesús y tu broche.
Santo Carlo ruega con amor / que amemos juntos al Salvador.
Oración final. Oh María, Madre amable, tú que enseñaste a San Carlo a amar sin medida, concédenos también a nosotros este don. Que tu ejemplo maternal nos sostenga en las pruebas y nos lleve a tu Hijo Jesús con corazones agradecidos. Amén.
Día 7: Vida de oración y sacramentos
Oración inicial. Padre celestial, que nos ofreces en los sacramentos los medios para crecer en santidad, te damos gracias por el ejemplo de San Carlo Acutis. Él vivió sus sacramentos con fervor juvenil: cada Misa para él era un encuentro vivo con Jesús, cada confesión, un momento de renovación . Ayúdanos a imitar su constancia: que la Eucaristía, la Reconciliación y la oración diaria sean nuestro aliento. Danos perseverancia en la fe como la de Carlo, para orar sin pausa y ser lámparas encendidas en un mundo necesitado de Dios. Amén.
Lectura bíblica. “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.” (Mateo 7,7) . Jesús nos anima a la oración confiada: si pedimos al Padre con fe, Él atiende nuestras súplicas. Él está siempre cerca de quien lo busca con corazón sincero.
Meditación. La vida de Carlo Acutis se caracterizó por una rutina espiritual sólida y sencilla. A los siete años, con humildad de niño, empezó a asistir a misa diaria y a confesarse con frecuencia . Él decía que su “secreto es contactar a Jesús todos los días” . Además, llenaba sus días de oración: rezaba el Rosario casi sin faltar y leía la Biblia. Su relación con Jesús se alimentaba en los sacramentos y en la palabra de Dios. San Carlo nos recuerda que la santidad no exige cosas extraordinarias: basta con vivir cada día en amistad con Cristo. Confiaba plenamente en la gracia que recibía en la Eucaristía, afirmando que era el mejor medio para su santificación . Sigamos su “kit de santidad”: la misa, la eucaristía diaria, la reconciliación, la oración de la Palabra, el Rosario y el servicio . Aprendamos de él a renunciar a aquello que nos aleja de Dios (él imponía límite de tiempo a su juego) y a reemplazarlo por momentos de oración y caridad. Pidamos hoy por su intercesión la fidelidad para no prescindir nunca de la misa dominical y de la oración, recordando las palabras de Jesús: “el que persevere hasta el fin, ese se salvará.”
Gozos.
Con fervor diario a la mesa del altar, / San Carlo supo a Cristo adorar.
La misa y el Rosario siempre en su vida, / hicieron de su alma ofrenda querida.
En el confesionario buscó con valor / purificar su fe con fervor.
Ruega por nosotros que a Dios pedimos: / ¡crecer en oración te agradecemos!
Oración final. Amantísimo Jesús, que en los sacramentos haces habitar tu gracia, concede que, por la intercesión de San Carlo, aprendamos a buscarte cada día con mayor fidelidad. Que nuestra oración sea constante y nuestras obras reflejen lo que recibimos de Ti en la Eucaristía y la confesión. Amén.
Día 8: Confianza y entrega en el sufrimiento
Oración inicial. Señor de la Vida, que llamaste a San Carlo a imitarte incluso en el dolor, te damos gracias por su ejemplo de valentía. ÉL ofreció con amor sus sufrimientos por la Iglesia y el Papa, diciendo: “ofrezco todo lo que tendré que sufrir por el Señor, por el Papa y por la Iglesia” . Nosotros también ofrecemos nuestras penas y preocupaciones confiados en Ti. Ayúdanos a crecer en esperanza, especialmente cuando la enfermedad nos visite. Que al vivir con serenidad nuestras pruebas, descubramos junto a él que la paz que sobrepasa todo entendimiento brota de tu abrazo. Amén.
Lectura bíblica. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4,13) . San Pablo nos recuerda que con la gracia de Jesús podemos superar cualquier dificultad. El sufrimiento nos hace débiles, pero la fe en Cristo nos da fortaleza.
Meditación. La corta vida de Carlo estuvo marcada también por el sufrimiento de la enfermedad. Al enfermar de leucemia él no se amargó, sino que ofreció su dolor por los demás: el día antes de entrar a tratamiento fue al Santísimo Sacramento y prometió apoyar con sus padecimientos al Papa y a la Iglesia . Incluso en las últimas semanas de vida mostró tal paz interior que médicos y enfermeras decían no comprender el gran amor que dejaba en ellos pese al panorama difícil . Carlo enseñó que no hay mejor manera de prepararnos para el Cielo que vivir sin miedo y sin perder tiempo en cosas de poca importancia. Lo expresó claramente al final de su diario: “Estoy feliz de morir porque viví mi vida sin desperdiciar ni un minuto en algo que no agradara a Dios” . Su confianza fue total en que Dios lo acompañaba hasta el fin. En el ejemplo de San Carlo aprendemos que ofrecer nuestras pruebas a Dios purifica nuestra alma y da fruto para otros: en cada lágrima puede haber una semilla de gracia. Como él, hoy ofrecemos nuestros sufrimientos –grandes o pequeños– por la paz del mundo y por la santificación de la Iglesia. Que su fe inquebrantable nos infunda la seguridad de que Cristo nos sostiene siempre, tal como Jesús mismo lo prometió: “En el mundo tendréis tribulaciones; pero confiad, yo he vencido al mundo”.
Gozos.
Carlo, al sufrir sin amargura, / enseñaste noble fortaleza.
Que tu dulce y grande sonrisa, / reflejo de fe y pureza.
Nos animas con tu sacrificio / a ofrecer con amor nuestro quebranto.
Intercede por nuestros dolores / para hallar en Dios siempre el manto.
Oración final. Señor Jesucristo, tú que venciste al pecado y a la muerte, ayúdanos a seguir el ejemplo de San Carlo, que ofreció su sufrimiento por amor a Ti. Danos fuerza para llevar con esperanza nuestras cruces cotidianas, confiando siempre en tu misericordia. Amén.
Día 9: Santidad en lo cotidiano
Oración inicial. Padre de bondad, al final de esta novena queremos agradecerte el regalo de la vida de San Carlo Acutis. Él nos demostró que la santidad se encuentra en amar a Dios en lo ordinario, viviendo con confianza la vocación que nos diste en cada estado de vida. Te pedimos que nos contagies su celo por crecer en santidad “en el camino de los pequeños detalles” . Como él, miremos con ojos de eternidad nuestras acciones diarias y deseemos dar gloria a tu nombre en cada gesto. Amén.
Lectura bíblica. “Jesús le dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14,6) . Con estas palabras nuestro Señor Jesús nos anima a seguirlo con confianza. En Carlo encontramos al joven que decidió seguir a Cristo como su meta suprema, siendo el camino hacia Dios su programa de vida.
Meditación. San Carlo murió muy joven, pero dijo: “No hay que temer a nada, porque la vida es corta, y vivirla bien hace que pasen los años como minutos” . Su breve existencia, no obstante, transformó la vida de muchos. Fue la primera canonización de un joven millennial: el 7 de septiembre de 2025 el Papa León XIV lo elevó a los altares junto a otros santos inspiradores . Su historia nos invita a reflexionar que el cielo no está reservado sólo a personas mayores o de renombre, sino también a quienes ponen la confianza en Dios desde temprana edad. En cada cosa pequeña —cumplir tareas del hogar, estudiar con esmero, ayudar un poco más— Carlos vio una oportunidad de santificarse. Como decía: “¿De qué sirve ganar mil batallas si no podemos vencer nuestras propias pasiones?” , señalando que la verdadera lucha es interna. Hoy, mirando al joven santo que fue canonizado por su testimonio juvenil, recordamos su última frase: “No hay que desperdiciar la vida” . Que por intercesión de Carlo aprendamos a amar el camino cotidiano que Dios nos da y a vivir con alegría porque “Cristo resucitó: Él vive y nosotros vivimos con Él” (San Leo Magno).
Gozos.
A ti, Carlo Acutis, humilde de corazón, / rendimos hoy nuestro amor y fervor.
Fuiste del mundo testigo fiel / reflejando a Cristo con lealtad.
Ruega por nosotros, buena estrella, / que vayamos tras tu claridad.
Que hallando siempre a Jesús nuestra guía, / alcancemos la vida que Tú prometes.
Oración final. Dios nuestro, que has hecho a San Carlo Acutis instrumento de tu gracia en nuestro tiempo, concédenos, por su intercesión, mirar la vida cotidiana con ojos de eternidad. Que cada paso, cada palabra, cada minuto, los vivamos para complacerte, como él nos enseñó. Encomendada a su ejemplo, esta novena concluye diciendo: que nadie desperdicie la vida, sino que la viva en ti para vivir eternamente contigo. Amén.
Santo Carlo Acutis, ruega por nosotros.
