Las cinco virtudes fundamentales de la Congregación de la Misión y, en espíritu, de las Hijas de la Caridad, son la humildad, la sencillez, la mansedumbre, la mortificación y el celo por las almas. San Vicente de Paúl consideraba que estas virtudes debían ser inherentes al alma de la Compañía, inspirando cada pensamiento y acción de sus miembros (T. X, p. 470).
Para el santo, el espíritu de la vocación consistía en revestirse del espíritu de Jesucristo (T. XI, p. 334), siendo estas cinco virtudes la “librea” que el Salvador nos dio para llevar (T. IX, p. 1064).
A continuación, se presenta un análisis detallado de cada una de estas virtudes según los textos de San Vicente.
Humildad
La humildad es considerada por San Vicente de Paúl no solo una virtud, sino el fundamento de la perfección evangélica y el nudo de toda la vida espiritual (T. XI, p. 353).
Naturaleza: ¿En qué consiste?
La humildad se define como el deseo de la propia humillación (T. I, p. 13), que lleva a anonadarse ante Dios y a destruirse a sí mismo (T. XI, p. 482). Para poseer esta virtud realmente, San Vicente establece tres condiciones:
Juzgarse con toda sinceridad digno de desprecio.
Sentirse contento de que los demás conozcan los propios defectos y nos desprecien por ellos.
Ocultar el poco bien que Dios haga por medio de uno, y si esto no es posible, atribuirlo totalmente a la misericordia de Dios.
El humilde no pone sus ojos en lo bueno que haya en él, sino que procura conocer lo que hay de malo y defectuoso (T. XI, p. 746).
Motivos: ¿Por qué es esencial?
Imitación de Nuestro Señor: Jesucristo quiso parecer un hombre humilde, tolerando desprecios y humillaciones.
Atrae la gracia: Dios da su gracia a los humildes y se complace en tratar con los pequeños, atrayendo bendiciones sobre la Compañía.
Sostenimiento de la Congregación: Sin humildad, la vanidad destruiría el espíritu comunitario.
Fuente de paz: La humildad genera unión y serenidad en las comunidades.
Medios para practicarla
Considerarse el más pequeño: Verse como el último de todos, sin atribuirse méritos.
Aceptar la humillación: Desear ser desconocido y aceptado en nada, incluso en las humillaciones colectivas.
Pedid perdón de rodillas: Este gesto suaviza los resentimientos.
Oración constante: Rogar a Dios esta virtud y meditarla con frecuencia.
Sencillez
La sencillez, junto con la caridad y la humildad, es una de las tres virtudes que componen el espíritu de las Hijas de la Caridad (T. IX, p. 540) y es esencial para el misionero.
Naturaleza
La sencillez aparta de nuestras palabras y acciones toda falsía, doblez y astucia (T. XI, p. 464). El sencillo dice las cosas como son, sin equívocos, y une:
Verdad: Pensamiento conforme con las palabras.
Pureza de intención: Todos los actos tienden rectamente hacia Dios, sin buscar intereses humanos.
San Vicente subraya que Dios es la misma sencillez (T. XI, p. 463).
Motivos
Agradar a Dios: Nuestro Señor se complace en comunicarse con las almas sencillas.
Mandato evangélico: Ser “prudentes como serpientes y sencillos como palomas”.
Eficacia en el ministerio: La predicación sencilla ilumina los entendimientos y mueve las voluntades.
Evitar la vanidad: Protege contra la prudencia de la carne.
Medios para practicarla
Buscar siempre la pureza de intención, obrando solo por Dios.
Unir sencillez y prudencia, callando lo que no convenga y evitando la vanidad.
Realizar actos continuos de sencillez hasta que se conviertan en hábito.
Mortificación
La mortificación es necesaria para todos los que desean practicar la virtud, siendo una de las características de la Congregación de la Misión (T. X, p. 471).
Naturaleza
Es el vencimiento de sí mismo, según el Evangelio: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz” (T. XI, p. 511).
Debe ser interior y exterior:
Exterior: Mortificar los sentidos para que no se usen en contra del orden de Dios.
Interior: Vencer el juicio, la voluntad y los afectos desordenados.
Motivos
Es el camino de la santidad y da consuelos más profundos que los naturales.
Jesucristo vivió en una mortificación continua.
La perseverancia en la vocación es una forma de martirio por caridad.
Medios
Tomar una resolución firme, haciéndose violencia para obrar.
Aceptar con alegría lo contrario a los propios deseos.
Consultar al superior para penitencias ordinarias o extraordinarias.
Perseverar sin descanso, incluso en la ancianidad.
Mansedumbre
La mansedumbre es esencial para los misioneros y debe animar todas sus acciones, especialmente en el trato con los pobres y enfermos.
Naturaleza
Consiste en reprimir los movimientos de la cólera y regular las pasiones. Aunque a veces es necesario corregir, el alma mansa lo hace por deber, nunca por arrebato. San Vicente mismo confesaba arrepentirse de las pocas veces que usó palabras ásperas.
Motivos
Imitación de Cristo: Jesús fue manso y humilde de corazón.
Ganar los corazones: La mansedumbre convierte más que los argumentos sutiles.
Discernimiento: La cólera ciega la razón, mientras que la mansedumbre la aclara.
Fundamento espiritual: Es hermana de la humildad.
Medios
Tomar una firme resolución de obrar con respeto y cariño.
Conceder en todo lo que no sea pecado y aceptar la voluntad de Dios.
Mortificar la pasión, aunque el corazón sienta lo contrario.
Guiar con mansedumbre a quienes se dirige o acompaña.
Celo por las Almas
El celo por la salvación de las almas es la virtud más propia de los misioneros, su finalidad y razón de ser (T. III, p. 427).
Naturaleza
Es la voluntad de trabajar por la salvación de los demás, haciendo de este objetivo la meta de la vida y de la muerte, a ejemplo de Cristo.
Motivos
Es la continuación de la obra de Cristo, quien vino a evangelizar.
Es la máxima expresión de la caridad, hasta dar la vida por el prójimo.
Convertir a un pecador en justo es una obra mayor que la creación.
Medios
Formar buenos sacerdotes, pues de ellos depende el bien de los pueblos.
Predicar con sencillez y dar ejemplo de vida.
Evangelizar a los pobres del campo, enseñando y catequizando gratuitamente.
Perseverar en la vocación, aceptando el sacrificio como una forma de martirio interior.
Conclusión
San Vicente de Paúl enseña que el espíritu de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad es la práctica de estas virtudes fundamentales, siendo el celo por las almas el fin, la humildad el fundamento, y la mansedumbre, sencillez y mortificación los medios esenciales para permanecer en el camino de la perfección y la caridad (T. X, p. 470).
